Tanto Lord Nelson, como sus oficiales, suboficiales y marineros; además de la clase intelectual y política del país sabían que nuestro Estado, mantenía una alianza forzosa con Napoleón Bonaparte (1769-1821).
Fue él, al fin y al cabo quien de forma interesada –la escuadra danesa había sido completamente destruida en 1802- informo a Inglaterra de los tratados secretos que unían a España a Francia a una posición neutral.
Para que esta neutralidad pudiera llevarse a cabo, España tenía que costear los gastos militares franceses con un subsidio de 6 millones de reales mensuales.
Aun así, al “Petit Caporale” no le interesaba; dado que como he mencionado antes se quedo sin navíos de la escuadra danesa en Copenhague en 1802.
Debido a esa neutralidad tan superficial, los ingleses tomaron represalias –sin declaración previa de guerra, naturalmente- capturando las fragatas: “Santa Florencia” y “Santa Gertrudis” en el cabo Santa María, luego volaron la “Mercedes” con mujeres y niños abordo y apresaron la “Medea”, la “Fama” y la “Santa Clara”; que llevaba los caudales de las minas de metales preciosos que traían de Lima para pagarle los subsidios a Francia.
Para acabar la jugada, apresaron también la “Matilde” y a la “Anfitrite” en el momento de salida de Cádiz para América. Por todo ello, y ante la indignación popular el Príncipe de la Paz Manuel de Godoy, tuvo que verse obligado a declarar la guerra al Reino Unido; con el desaconsejo absoluto de los mandos militares.
Lord Nelson, sabedor del porvenir que se le avecinaba a nuestra flota –sabía que la victoria estaba asegurada a pesar de marineros ilustres entre sus mandos-. Esta información se debió a que el servicio de inteligencia ingles, funciono a la perfección (espías en la corte) logrando hacerle llegar el estado real de la situación económica y anímica en España.
Además de todo esto, por aquellas fechas, se desato una epidemia de fiebre amarilla en todo el litoral andaluz. Para colmo de males, el subsidio pasado a Francia, contribuyo al endeudamiento del Estado; con lo que el estado material de los buques se vio muy deteriorado: Por no haber, no había ni pólvora de buena calidad, además de faltar cabos, cuadernas, alquitrán, barniz, pintura, etc...
A pesar de haber buenos oficiales –reconocidos por todas las potencias europeas-, buena parte de las tripulaciones provenían de levas forzosas en el que las promesas anteriores de reparto de botines de los buques enemigos, fueron desechas.
Por tanto, el 21 de Octubre de 1805. el Almirante Nelson, vistió su uniforme de gala con sus condecoraciones cosidas al traje; ganadas a lo largo de toda una vida marinera para así poder pasar a la historia de su país. Debido a que el comprendía perfectamente la situación que estaban pasando nuestros oficiales en el que iban a vender cara su vida a pesar de no tener prácticamente ninguna esperanza de supervivencia.
Por todo ello, Lord Nelson busco la muerte en todo momento –en 1797, sufrió una derrota calamitosa en Tenerife; en el que perdió el brazo derecho; aunque esa situación no fuese la propiciada por el, ya que pensaba que la batalla estaba ganada por la superior fuerza militar-, no como afrenta, ni mucho menos para pasar a la posterioridad como el grandísimo vencedor de los españoles; sino solamente para dar fe a la historia que un caballero ingles, por muy británico que fuese, quería lavar su reputación con su sangre para que así no se le negara su éxito.
Bibliografía: Cabo Trafalgar. Arturo Perez-Reverte

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